"La diferencia entre un turista y un viajero reside en que cuando un turista llega a un sitio sabe exactamente el día que partirá. El viajero, sin embargo, cuando llega a un lugar, no puede saber si acaso se quedará allí el resto de su vida" Paul Bowles.

domingo, 17 de julio de 2011

La ruta del Che en Bolivia (4): La Higuera.




El Che estuvo en La Higuera en dos ocasiones. La primera, el 26 de septiembre de 1967, entró en el pueblo, al que por aquel entonces sólo se podía llegar por un estrecho camino de herradura, sólo para descubrir que “habían desaparecido los hombres, y sólo alguna que otra mujer había”. A escasos dos kilómetros de aquí, la vanguardia se vio sorprendida por los rangers, y murieron tres de sus hombres. “Los disparos desde todo el frente anunciaron que los nuestros habían caído en una emboscada. Organicé la defensa en el pobladito para esperar a los sobrevivientes, y di como salida un camino que sale a Río Grande”.



La segunda vez que el Che entró en La Higuera lo hizo herido en una pierna y custodiado por los rangers. Él y la mayoría de sus hombres  (sólo cuatro de los diecisiete guerrilleros que quedaban lograron escapar) habían sido derrotados en la cercana quebrada del Yuro. Era el 8 de octubre de 1967. Esa noche el Che durmió en la escuela del pueblo, convertida en improvisada prisión, y sobre la una y diez de la tarde del día 9 el sargento Mario Terán, dentro mismo de la escuela, acabó con su vida con dos ráfagas de metralleta (la primera ráfaga sólo logró herirle en las piernas, debido al nerviosismo de Terán). La orden de ejecución había salido directamente del presidente de Bolivia, el general René Barrientos, y había recibido la aquiescencia del agente de la CIA Félix Rodríguez, allí presente. Félix Rodríguez era una antiguo policía secreto cubano del dictador Batista que ya había participado en muchas acciones de la CIA, como la invasión de la bahía de Cochinos en Cuba. Cuando, debido a las declaraciones de Régis Debray, se hizo pública la presencia del Che en Bolivia, EE UU lo envió al país para entrenar y dirigir a los rangers bolivianos, y acabar con el Che.





Hoy en día La Higuera es prácticamente una calle con unas pocas casas, alrededor de una plaza central en la que se han erigido un par de monumentos al Che que disuenan con la modestia del entorno. La escuela ha sido completamente restaurada, y alberga un museo compuesto exclusivamente de fotos y paneles informativos, y muchos recuerdos dejados por los visitantes. El museo es administrado por la comunidad, y cada mes le corresponde a una mujer del pueblo cuidar de él y mostrarlo a los turistas. Este mes es doña Guadalupe la encargada de hacerlo. Doña Guadalupe es una mujer simpatiquísima, con el sentido del humor y el comportamiento de una chiquilla. Le hizo mucha ilusión verse en el visor de mi cámara, y me hizo prometer que cuando llegara a Vallegrande iba a imprimir en papel las dos fotos que reproduzco a continuación, y que se las iba a enviar a través de un camionero.



Por supuesto, lo hice con mucho gusto, y espero que las tenga en algún rincón de su casa, como recuerdo de su amable labor de guía. 


  
Al igual que en Alto Seco, las personas mayores han emigrado de este lugar y, en contraste con las ochenta familias que habitaban La Higuera en 1967, hoy sólo hay veinte. Doña Irma, en la foto superior, es la única persona de aquella época que queda en el pueblo. Alquila su chacra porque dice que ya no tiene fuerzas para atenderla, cuida de sus animalitos, y ofrece comidas para los visitantes. Sus hijos viven en Vallegrande y en Santa Cruz pero, sin animadversión de ningún tipo, me dice que se han olvidado de ella. Doña Irma era una niña en 1967 y, para qué me va a engañar, no vio al Che ninguna de las dos veces que pasó por aquí. Estaba encerrada en su casa, muerta de miedo, como casi todo el mundo. “La gente tiene mucho miedo y trata de desaparecer de nuestra presencia” insiste el Che una y otra vez en su Diario. Doña Irma me cuenta que la psicosis entre el campesinado duró muchos años, más allá de la muerte del Che, que la gente no se atrevía a salir a cultivar sus chacras, y que todo ese episodio influyó bastante en el despoblamiento de la zona. Doña Elisabeth, en Alto Seco, me había comentado algo parecido. Doña Irma sí recuerda perfectamente el estruendo, y la visión a lo lejos, del helicóptero que se llevó el cadáver del Che, atado a uno de sus patines.


Al día siguiente, bien temprano, me voy de excursión a la quebrada del Yuro, donde abatieron al Che. Me han dicho que es muy fácil llegar, que sólo hay que seguir el sendero, pero lo cierto es que en estas lomas hay decenas de senderos, y la mayoría sólo llevan a casonas abandonadas, o se pierden en la maleza. Tras retroceder en varias ocasiones, después de dos horas y media de caminata, llego al fondo de la quebrada, donde una estrella indica el sitio en que se produjo la emboscada.


Cerca de allí está la que llaman “la casa de la enana”, que es mencionada por el Che en la última anotación de su Diario.


“...de resultados del informe de la vieja se desprende que estamos aproximadamente a una legua de La Higuera y otra de Jagüey y unas dos de Pucará. A las 17.30, Inti, Aniceto y Pablito fueron a casa de la vieja que tiene una hija postrada y otra medio enana; se le dieron 50 pesos con el encargo de que no fuera a hablar ni una palabra, pero con pocas esperanzas de que cumpla a pesar de sus promesas”.


Al intentar volver a La Higuera, me pierdo definitivamente. No sé en qué dirección queda el pueblo ni la carretera, y entre tantas lomas y quebradas es imposible ver nada en el horizonte “Hay que imaginarse cómo son aquellos lugares”, recuerdo que declaraba Harry Villegas, uno de los cuatro guerrilleros supervivientes, “un terreno muy quebrado, lleno de zigzags, de lomas que se unen de tal manera que aunque sólo nos separaban 300, 400 o 500 metros, en realidad no podía verse qué pasaba desde una posición a la otra”.


Llega un momento en que empiezo a contar cuántas horas me quedan de luz, y me propongo no perder al menos la orientación sobre la casa de la enana, por si tengo que pasar allí la noche. El gallinazo que hace un buen rato que no para de dar vueltas sobre mí está empezando a darme mala espina.




Por  fin, a las tres y media de la tarde (a las seis ya es de noche aquí) salgo a un punto de la carretera. Todavía me quedaba una hora de camino, pero ya sabía que esa noche dormiría en La Higuera.


La primera noche me había quedado en un hostel, “La casa del telegrafista”, que un francés tiene en la entrada del pueblo, simplemente porque el camión me había dejado prácticamente en su puerta. El francés parece que no es muy popular en la comunidad. No se relaciona con nadie y, sobre todo, no colabora en las tareas comunes como, por ejemplo, el arreglo de los caminos. Cuando doña Guadalupe me informa de que la comunidad ha habilitado unos dormitorios con literas en la escuela (la actual, la que está en funcionamiento) y que también ella es la encargada de administrarlos este mes, no dudo en cambiarme de alojamiento. En la escuela me encuentro con que también vive allí un matrimonio de médicos cubanos, que forman parte de la brigada de mil doscientos médicos que desde 2006 echan una mano en Bolivia. Para ellos, que hasta hace poco trabajaban en un hospital de Sucre, es un honor que los hayan destinado a un lugar tan emblemático como La Higuera. Aquí mismo, en la escuela, pasan consulta, y también han implementado el programa cubano de alfabetización de adultos “Yo sí puedo”, al igual que han hecho muchos maestros cubanos en otros puntos del país (este programa, de una efectividad sorprendente, se basa en el visionado de vídeos, por lo que sólo hace falta un coordinador que revise el funcionamiento de todo, y por lo demás resulta casi autodidacta. Yo tuve oportunidad de conocer el material hace unos años, cuando unos compañeros lo aplicaron con emigrantes en el barrio de la Macarena de Sevilla).

Doña Guadalupe, que tiene una hija que estudia en Santa Cruz el último año de Derecho, se aplica con sus primeras letras, junto a otras siete vecinas, con el “Yo sí puedo” en una de las aulas de la escuela; los niños juegan en la pista de baloncesto esperando a que salgan sus madres de clase, y yo converso sentado en un banco con Huber y con Anai. Me cuentan que también, al mediodía, les gusta darles un poco de clase  a los niños, y enseñarle juegos, canciones y poemas. Yo les explico que llevo un blog, y que me gustaría hacer un reportaje de todo eso. Entonces dudan, parece que no les hace mucha gracia la idea. Me dicen que en Sucre un periodista boliviano les hizo un reportaje, y que lo que salió en el periódico fue una visión completamente sesgada de lo que ellos habían dicho, y totalmente contraria a la colaboración cubana en el país. Que desde entonces les han advertido, y tienen que pedir permiso para cualquier reportaje o entrevista que puedan hacer.

Me hubiera gustado asistir a las clases y los juegos de Huber y de Anai con los niños, aunque fuera sin realizar ningún reportaje. Pero a primera hora de la mañana alguien me informa de que un vecino está a punto de partir para Vallegrande con su vehículo, y que me puede llevar si quiero. Como no se sabe si el próximo camión pasará en dos, tres o cuatro días, decido aprovechar la oportunidad. He leído en Internet testimonios de muchos viajeros a los que les ha decepcionado La Higuera. Desde luego, al turista que  viene desde Vallegrande en un taxi y con un guía para pasar unas cuantas horas no le parecerá gran cosa, y en julio y en agosto me imagino que habrá por aquí demasiado mochilero. Pero a mí, igual que en Alto Seco, la franqueza y la naturalidad de estas gentes, y su tranquilo ritmo de vida, me han cautivado, y una leve nostalgia me envuelve dulcemente mientras me dirijo a Vallegrande. 

10 comentarios:

  1. "La vida no es más que un chispazo entre dos tinieblas" Sartre
    El único sentido de la misma es lograr que ese chispazo se vuelva una llamarada que perdure en la retina de las mujeres y los hombres de buena voluntad cualquiera sea su ideología.

    Ojos abiertos.Tiene los ojos abiertos. ¿Por qué?
    Dicen que fue el viento del tramo aéreo entre la Higuera y Valle Grande el que se los abrió.

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  2. Hola, te hago una consulta. Estoy por viajar por bolivia y me gustaria visitar la higuera, saliendo de sucre. como es el viaje? cuanto se tarda? Gracas

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    1. El viaje de Sucre a Santa Cruz es muy sencillo: hay autobuses directos que tardan, no recuerdo bien, unas diez horas. De Santa Cruz debes ir a Vallegrande, también en bus (tres o cuatro horas). Una vez en Vallegrande puedes ir en taxi a La Higuera, sobre todo si sólo quieres pasar el día, o, mucho mejor, buscar un camión de los que trasportan carga y personas. Es el único transporte público colectivo que hay en la cordillera oriental. Cinco o seis horas por pistas de tierra llenas de baches, desfiladeros y paisajes impresionantes. No lo vas a olvidar. Suerte y un saludo.

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  3. Hola amigo soy de Costa Rica, quisiera por favor me orientaras, quiero ir a la Higuera, el pueblo donde asesinaron a mi hermano el Ché...explicame como llegar desde la Paz, que buses o transportes debo tomar...voy por 13 dias a Bolivia...ayudeme.
    Recomendame hostales donde quedarme y la mejor forma de llegar ahi. Te cuento que estuve en la tumba del Ché en Santa Clara Cuba.

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    1. hola, Jorge Daniel. De La Paz debes ir hasta Santa Cruz. Hay muchos autobuses directos que tardan, no recuerdo bien, entre diez y quince horas. Una vez que estés en Santa Cruz sigue las indicaciones que le he dado al anterior comunicante. Suerte y un saludo.

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  4. que agradable leerte mi amigo, lo descriptivo de tu relato y el valor agregado de la historia resulta muy interesante, estoy planeando ir a Santa Cruz de la Sierra y tu relato me esta tentando de hacerme la escpada La Higuera, abrazo

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  5. Justo hace menos de dos días estabamos con Irma :) Saludos, Marc y Úrsula www.mosmaperdut.com

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  6. Excelente tu relato, me encanto!!!, cariños desde Chile

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